Grupo Farma10

Desde hace varios años se viene celebrando en España, cada 27 de febrero, el Día Nacional del Trasplante, una fecha que busca rendir homenaje tanto al gremio de la salud, como a los millones de personas que cada año deciden donar una parte de sí mismo para ayudar a otros a tener una vida un poco más duradera.

Nuestro país se ha asentado, desde hace muchos años, como líder mundial en donación de órganos. En 2019, último año del que existen datos cerrados a nivel mundial, España aportó el 20% del total de los donantes de la Unión Europea y el 6% del mundo.

Estos registros suponen que España cuente con una tasa de 49,6 donantes por cada millón de habitantes, una cifra estratosféricamente superior a la de los siguientes países de nuestro entorno de la lista como Portugal (33,7), Croacia (32), Francia (29,4) o Bélgica (27,7). Además, destaca que cinco comunidades autónomas superan los 50 donantes por millón de habitantes: Cantabria (65,5), Navarra (53), Canarias (51,6), País Vasco (51,4) y Murcia (51).

Rozando los 5.000 trasplantes

Todo ello ha permitido que, a falta de cerrar las cifras de trasplantes cruzados con otros países de la Unión Europea que todavía no han publicado sus datos, España haya cerrado 2020 con la realización de un total de 4.425. De ellos, siempre según las cifras facilitadas por la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), 2.700 fueron renales, seguidos de 1.034 hepáticos, 336 de pulmón, 278 cardiacos, 73 de páncreas y 4 de intestino. Todos ellos, gracias a las donaciones procedentes de personas fallecidas en 1.777 casos y también de 268 donantes vivos.

Día Nacional Trasplante 2021

Son registros que, sin duda, deben hacernos sentir orgullosos tanto del compromiso mostrado por el país como sociedad como del funcionamiento de un sistema de salud que, coordinado en este caso por la ONT, moviliza para cada operación a decenas de personas cuya labor va mucho más allá del quirófano y cuya participación individual es fundamental para que cada órgano encuentre un nuevo receptor al que ofrecerle, literalmente, una nueva oportunidad de seguir viviendo.

El cuidado farmacéutico, fundamental

En esa larga lista de actores implicados en el cuidado y tratamiento de los pacientes trasplantados también se encuentran, cómo no, los profesionales farmacéuticos. No debemos olvidar que las personas trasplantadas llegan a ese punto después de un periodo de tiempo más o menos prolongado de enfermedad y que, después de ser operados, seguirán precisando de los servicios de la farmacia para el cuidado de su salud. Y, de nuevo, la farmacia y la excelente red con la que cuenta España, se torna en un elemento fundamental en ese apartado.

Así, cabe destacar que estamos hablando de pacientes que presentan una serie de factores que afectan a su estado de salud físico, pero también al psicológico. El farmacéutico sabe bien que son personas que, por lo general, han sufrido una determinada patología durante años, un sufrimiento al que hay que unir la evidencia de ser testigos de ver cómo se van apagando poco a poco. Un estrés psicológico al que hay que unir, cuando ya se encuentran en la fase más avanzada de sus dolencias, la incertidumbre que acompaña a la espera del trasplante.

Se trata, en casi todos los casos, de pacientes polimedicados, incluso con patologías concomitantes, por lo que tienen que enfrentarse a una serie de efectos secundarios y complicaciones derivadas de la enfermedad.  Además, la importancia que tiene el cumplimiento terapéutico en estos pacientes es, si cabe, mucho mayor que en el resto de personas.

La confianza del farmacéutico

Por todo ello, la ayuda del profesional farmacéutico a estos pacientes, se puede dar desde tres aspectos fundamentales:

·       El seguimiento del cumplimiento terapéutico, algo que se hará extensivo a la observación de efectos adversos y la prevención de interacciones.

·       El consejo ante las afecciones menores y complicaciones leves derivadas de su condición.

·       La atención y apoyo a su estado de salud emocional, ofreciendo uno de los grandes valores de los que hemos hablado en repetidas ocasiones: la confianza entre farmacéutico y paciente.

La implicación del profesional farmacéutico es, si cabe, mucho más importante en el seguimiento de estos pacientes debido, en muchas ocasiones, a la propia dificultad del tratamiento en sí mismo. Así mismo, y como ya se ha apuntado, por el estado emocional de los pacientes y el largo proceso, casi siempre de por vida, al que se enfrentan y las complicaciones que aparecerán con el paso del tiempo.