Grupo Farma10

Termina ya el mes de agosto y, con él, el periodo más típico de vacaciones en nuestro país. Dejamos atrás la playa, la montaña o cualquier otro destino que hayamos elegido para pasar nuestros días de descanso y es el momento de volver, con las baterías completamente cargadas, a la rutina diaria del trabajo, las obligaciones y, en muchos casos, el colegio.

A principios del verano ya hablamos de la complicada gestión de las vacaciones en un sector, el de la farmacia, en el que es muy raro colgar el cartel de cerrado por vacaciones y en el que, por lo tanto, los titulares deben de ingeniárselas para permitir el descanso de toda su plantilla sin que eso provoque una merma en el servicio a los pacientes.

Ahora, toca hablar de un reto incluso mayor: poner la nave, de nuevo, a velocidad de crucero para transitar las primeras semanas en las que, como es lógico, todos, titulares y resto del personal, debe de volver a adquirir las rutinas y el ritmo de trabajo normales.

Vuelta vacaciones

La complicada vuelta a la realidad

Para ello, más allá de que cada cual adopte sus propios métodos para minimizar los efectos del llamado síndrome posvacacional, no está de más recoger algunos consejos básicos sobre cómo motivar a nuestro equipo en estos primeros días tras la vuelta de las vacaciones.

Lo primero a tener en cuenta, y no siempre tan evidente, es reconocer que las primeras semanas de vuelta al trabajo después de vacaciones pueden ser mas difíciles para todos. Después de pasar un tiempo alejados de la farmacia y, en muchos casos, todavía sufriendo los rigores del verano que se alarga en lo meteorológico, es posible que parezca que todo el esfuerzo realizado durante la primera mitad del año se desvanezca.

Para resolver esta sensación, el titular de la farmacia, como jefe y líder de su equipo, cuenta con algunas herramientas que le sirvan para volver a motivar al personal que está a su cargo y así acortar ese período de adaptación.

Tareas fáciles

Como cualquier otra maquinaria que ha estado parada durante un tiempo, es fundamental dar tiempo a nuestros empleados y, por extensión, a todo el equipo a volver a ‘engrasarse’. Por ello, y aunque sepamos de su valía y su capacidad para realizar las tareas encomendadas, es buena idea comenzar el nuevo curso asignando tareas fáciles.

Nos basamos en la idea de que el trabajo llama al trabajo. En otras palabras, un empleado que se ve autorecompensado (y reconocido) por ser capaz de llevar a cabo con éxito sus tareas, se motivará para realizar y desempeñar nuevas labores más demandantes.

Así pues, lo ideal es que, al menos en los primeros días, se asignen tareas de fácil cumplimiento para que el equipo sea capaz de coger ritmo de trabajo a la vez que se van motivando para nuevas misiones.

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La importancia del reconocimiento

Aunque pueda parecer contradictorio, no está de más reconocer el buen hacer de los trabajadores incluso cuando, como se ha dicho en el punto anterior, estén cumpliendo tareas por debajo de sus aptitudes reales.

Esa palmadita en la espalda suele ser, siempre, el mejor revulsivo y la más importante motivación para que el equipo quiera superarse. Empezamos ahora un periodo que nos llevará a otro momento ilusionante en lo mental: el cambio de año. Por ello, es bueno recordar que, casi siempre, todo lo que se necesita para tener un buen impulso para finalizar el año es el reconocimiento por el trabajo bien hecho.

Una buena táctica para conseguirlo es echar la vista atrás y recordar los logros y mejores acciones realizadas en la primera mitad del año presentándolas al equipo como un logro y reconociendo su importancia en el mismo. De esta manera, podremos animarlos a tratar de superarlos mejorándose a sí mismos.

 

El impulso de la ilusión

Con todo ello, tendremos un equipo formado por profesionales ilusionados y con ganas de demostrar y demostrarse que saben y pueden hacer las cosas mejor.

En este sentido, la iniciativa personal y las propias inquietudes juegan un papel muy importante. Por ello, podemos animar a cada uno de nuestros trabajadores a hacer una lista de aquellas cosas que querrían conseguir o que consideran que se podrían mejorar en la empresa y cuál podría ser su rol en todo ello.

Sin que el resultado tenga necesariamente que estar ligado a los objetivos marcados por la empresa, sin duda esa ilusión por sentirse escuchados y, en su caso, reconocidos por la aceptación de sus propuestas, les hará sentirse ilusionados y, por supuesto, eso significará un importante impulso para su labor diaria.